Soy cordooobés / Alrededor de Cielo Teórico 1999-2004



por Emilia Casiva y Carla Barbero

 

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La Comisión Primavera de Unidad Básica inicia esta serie de publicaciones invitando a Matías Lapezzata a escribir sobre la experiencia de Cielo Teórico. Su texto está acompañado por un sumario de las actividades que este colectivo de pensamiento llevó adelante mientras estuvo activo en la ciudad de Córdoba entre los años 1999-2004.

En 2016, durante uno de los encuentros del ciclo Nokia 1100 realizados en el marco del Programa de Formación en Artes Visuales de Unidad Básica, Javier Martínez Ramacciotti habló de la necesidad de “construir memoria y prefigurar un porvenir” produciendo conexiones. En ese horizonte se inscribe esta primera publicación, aunque habría que agregar algo no menos importante: esas conexiones se disparan, desde el vamos, en un movimiento sinérgico.

Las artes visuales contemporáneas en Córdoba, y esta es nuestra hipótesis de partida, están afectadas con fuerza por la experiencia que significó Cielo Teórico. En principio, lo obvio: decir arte contemporáneo no tiene nada que ver con apiñar todo aquello que se hace y dice en un tiempo y lugar, sino con nombrar un modo específico de producción y recepción, o mejor, un particular anudamiento estético, teórico, político. ¿Qué modo de producción implicó Cielo Teórico? Uno atravesado por dos vectores clave: la autogestión como plataforma del trabajo colectivo para la generación de infraestructura; y cierta poiesis atravesada por una obstinada voluntad de autoreflexión sobre el proceso creativo. Creemos que de ese encuentro, se abre (es decir se expone, se rompe, brota) una experiencia histórica de intensidad para el presente. Desde UB arriesgamos a decir que, en el núcleo de aquella experiencia se cocinó la imagen y praxis de lo que hoy es “el artista contemporáneo cordobés”.

Cielo Teórico instituye una discursividad sobre lo contemporáneo en las artes visuales de Córdoba, cuya memoria resuena aún hoy. En un número de la revista Deodoro, a finales de 2015, Andrea Ruiz trazaba un mapa posible de las tendencias existentes en el arte de la ciudad en función de sus poéticas, en el cual identificaba una serie de producciones bajo el calificativo “poéticas reflexivas”. Producciones densas en la elaboración autoral de las ideas -dice Andrea- reflexionan sobre la condición humana o sobre fenómenos sociales contemporáneos, incluyendo problemáticas inherentes al campo del arte, la imagen y los lenguajes específicos. Conjugan, con diferentes niveles de intensidad y evidencia, fuentes de la filosofía, la sociología, la antropología, la historia en general, y la historia del arte en particular. Quizás sea la tendencia en la que concurren la mayor variedad de lenguajes, así como de imágenes y acciones (desde la abstracción, el texto escrito, el retrato y/o registro fotográfico o videográfico, las imágenes de los medios masivos de comunicación y la publicidad, el documento y el archivo)”.

¿Podríamos imaginar en ellas, una genealogía con mito de origen en Cielo Teórico?

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El giro pedagógico del arte contemporáneo no podría pensarse por fuera del viraje respecto a la forma en que la modernidad trazaba la relación entre arte y educación, entre teoría y práctica, entre producción y reflexión. A fin de cuentas, entre el adentro y el afuera de lo que se considera en sí mismo ya no obra de arte, sino praxis artística. En los años 90 las paredes que contienen ese adentro y ese afuera, ya han sido radicalmente perforadas y Cielo Teórico interviene en medio de ese descampado. Es de algún modo, el antecedente en la ciudad de lo que posteriormente se denominó como clínica de análisis y producción de obra, aunque excedió esa frontera. Domiciliados en la actualidad, podríamos interpretar aquella actuación como un gesto curatorial ampliado.

Las implicancias en el tiempo que trae una experiencia del tipo pedagógica, formativa o reflexiva como fue Cielo Teórico para Córdoba, hace sentido sólo si comprendemos que a toda pedagogía la acompaña una poética. Otra vez Andrea Ruiz: “Cuando decimos ¨la poética de tal o cual artista o grupo de artistas¨ significamos su producción material o inmaterial, incluyendo: prácticas, modos de hacer, conceptos, sentidos, su realización material y formal, así como los medios utilizados. El qué, cómo y con qué se produce, así como también desde dónde, para qué lugar y para quién”.

En el texto de Matías Lapezzata, se desprenden varios hilos para pensar una posible poética de Cielo Teórico: la aproximación al arte en tanto oficio, sin recurrir para ello a la idea de artesano u obrero; la idea dialéctica de proceso, para la cual meterse con ciertas obras o proyectos no obligaba a su posterior materialización, sino que éstos concurrían en estado de hiato o suspensión; la experiencia de los primeros usos de internet; el cruce con el cine, la literatura, la experiencia urbana; el saber como una forma del ensayo colectivo. Vectores que, como tentáculos, activaron una búsqueda que Matías llama grado cero de la experiencia estética”.

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Toda ciudad genera síntomas que pueden enlazarse en el tiempo como un tejido, a veces denso, otras, un tanto flojo. En este ensayo, es la imagen de la ciudad que nos ofrece Matías la que actualiza la experiencia de Cielo Teórico. No estamos por encima de nuestra propia historia.

 

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Alrededor de Cielo Teórico

por Matías Lapezzata*

Como cualquier ciudad, Córdoba es extraña para la gran mayoría de las personas que viven en ella. Se multiplica y divide en imágenes de proporciones dispares e inconexas. Para algunos todo está hundido en un fango histórico y de mal gusto, que no tendrá otro final que el de morderse la cola en un cacareo final y disolutivo, análogo al funcionamiento de una microdosis viral inoculada a un organismo debilitado que se ataca y defiende a sí mismo. Hay otras personas que piensan que no hay nada que hacer más que chapotear y avanzar a tientas. Otras que el enemigo acecha, muchas que piensan otras cosas,  y entre ellas quienes piensan que aquí no pasa nada. Pero sería justo decir que las cosas no pasan sencillamente. Nunca ha sido así. Ni siquiera si esperando el colectivo en la Chacabuco, un chofer como en éxtasis anfetamínico desborda con la proyección metálica de su ser sobre el boulevard y te lleva puesto, por ejemplo.

En nuestra ciudad de arquitectura abominable y enjambres de fierro y plástico apelotonados en todas las esquinas céntricas, a veces el cielo relampaguea como fuera de sintonía y la gente se encuentra para matarse. O los policías encuentran delincuentes coleccionables, o alguien pinta un cuadro, o hace una instalación o cosas por el estilo. Pasan muchas cosas, demasiadas y con abismos entremedio, más de las que alguien jamás podrá saber, como en aquella indescifrable mónada que condensaría todo acontecer. Decir que no pasa nada es como decir que los libros son aburridos. Hay que ponerse en camino y hacer de la vida un continuum. Una sola cosa que sea varias a la vez. Y entre todo ello está el arte.

Hubo un tiempo aquí, otro tiempo, en donde los celulares no eran táctiles. Todavía no había ni se hablaba de ninguna revolución digital, internet era una amenaza para las BBS de Córdoba como Otra Parte o Tutopía, que funcionaban a través del chirrido inconfundible y ya entrañable del dial-up y daban forma espacio-temporal a los primeros foros virtuales. Allí los usuarios compartían toda clase de opiniones, discusiones sobre arte incluidas, y el inminente desembarco de internet era visto tal como se veía desde un quiosco o un almacén la llegada de los hipermercados: mastodontes que todo lo arrasaban a su paso y quedaban plantados obstruyendo toda una  red intersubjetiva y económica, ligada a prácticas que fueron quedando relegadas o directamente en el olvido. Una situación tan de moda ya promediando el final del menemismo.

En ese tiempo todavía no se estudiaba a Didi-Huberman en las facultades de humanidades. La imagen, la cuestión en torno a la imagen, todavía no era un problema. O no era un problema instalado como tal en esta pequeña porción del mundo. Recién se comenzaba a leer a Arthur Danto, quien reflexionaba en clave analítica en torno al arte después del fin del arte, y a George Dickie que planteaba problemas sobre lo que él denominaba la “institución arte”… En definitiva, se comenzaba a pensar que también aquí podía hablarse de arte contemporáneo, aunque bien sabemos que esta denominación ya estaba en uso desde hacía por lo menos varias décadas, y no era posible hablar de otra cosa o bajo otra denominación menos general y abarcativa. Podríamos remontarnos incluso hasta el mingitorio de Duchamp. Y de cualquier manera, ¿por qué no?

En esos años, entre chauchas y palitos, un grupo de artistas nucleados a partir de las lecturas, el amor, el pensamiento y la creación en todas sus aristas, fundaba en Córdoba Cielo Teórico. Estética y Pensamiento en Artes Visuales (así todo con mayúsculas), y expresaba de manera directa la necesidad de ofrecer un cambio de rumbo o un camino alternativo a cierto estado de cosas.

En el libro que publicaron a finales de 1999,  en donde se condensa un año entero de trabajo en seminarios y clínicas de producción y pensamiento (aunque todavía no se hablaba de “clínica” para el formato que hoy reconocemos como tal), y que representa el final del primer año de existencia del espacio, se puede leer desde la distancia la idea capital y rectora que de algún modo daría el puntapié inicial para una nueva etapa del arte local: “En la ciudad de hoy la teoría peligra.” Ese diagnóstico, acertado o no y con sus detractores históricos a cuestas, pero de un arrojo con intenciones de sacudir la modorra cordobesa, ponía en relieve dos cuestiones fundamentales. Primero, la vieja idea romántica de que allí donde está (o se inventa) el peligro, crece lo que salva, dándose la posibilidad de descubrir una expresión de vitalidad informe, desde donde y en donde pueda surgir lo nuevo bajo la forma de una potencia. Como segunda cuestión, se afirmaba en palabras de Mallarmé: “El mundo existe para llegar a un libro”. O a una obra, diremos acá siguiendo a César Aira, bajo el formato de reproducción ampliada en una épica de variaciones en fuga, poblada de seres más allá del artista y junto al artista, todos siendo partes necesarias de la obra misma.

Pensar de todos modos que era algo como “lo nuevo” lo que se esperaba que sucediera allí, quizás sea demasiado. Sería más atinado corresponder estas palabras con el sustrato de base que organizaba el encuentro y la disposición de Carina Cagnolo, José Pizarro y Andrea Ruiz a la hora de pensar qué y cómo debía ser un espacio que inaugurara un punto de vista y una posibilidad de desarrollo, producción y pensamiento en torno al arte en una ciudad como Córdoba; que a la vez no dependiera ni de lo que pasara en Buenos Aires (meca desde donde el arte y tantas otras cosas parecían bajar hacia las demás ciudades como por un río de curso natural) ni de las instituciones, ni del estado. Correrse entonces de ciertos límites en pos de un pensamiento que se construiría a partir del diálogo, del encuentro, bajo la forma de lo colectivo.

Córdoba no era solo una ciudad de la Argentina, sino un lugar en contacto con una realidad ampliada y atravesada por el mundo: las artes visuales, la literatura y la poesía, la filosofía y los sistemas de pensamiento crítico, la música y casi cualquier expresión eran abordados desde una perspectiva múltiple, al modo de una usina que combinara dentro de sí y en expansión, la multiplicidad de cosas que llegaran a ella y, centrifugado entrópico mediante, salieran de allí convertidas en algo. Y lo más importante, convertidas por alguien.

La propuesta tuvo desde su mismo inicio una estética y una ética precisas. Se trataba de generar un espacio de reflexión desprovisto de todo aquello que distrajera la posibilidad de la experiencia estética. Lo que importaba, y lo que importa, eran y son las obras, sus procesos y reflexión crítica. En la experiencia de hacer, pensar y ver una obra realizada y en exposición residía uno de los fines primordiales, aunque nada estaba directamente direccionado a la producción. Como si fuera la búsqueda de un grado cero de la experiencia estética. Nada de fiestas ni chácharas, o más bien cada cosa a su debido tiempo. Un manto de protección, que se ha volado con el viento en estas épocas, se cernía sobre cada proyecto. Y el espacio del lugar hablaba también de ello. En una antigua casa sobre la calle Humberto 1°, cierto minimalismo industrial y un aire despojado de distracciones (salvo por una inscripción que bordeaba el perímetro entero de la habitación principal casi a la altura del techo), eran el marco donde los encuentros se desarrollaban. También, y como parte de la política del lugar, una colección de libros especializada en artes, conformada por las bibliotecas personales de cada uno de los integrantes de Cielo Teórico y en crecimiento constante, estaba a disposición de cualquier visitante.

Pero no se trataba ni se trata de sacralizar nada en torno al arte. Si algo quedaba claro en la propuesta era el intento por despegar la figura del artista de aquella imagen que nos devuelve cierta concepción en torno a la producción mediada por el don. Más bien se promovía una idea en donde el artista, en tanto hombre o mujer, trabaja casi desde la concepción de un oficio, no tanto por aquello que liga un oficio a la artesanía o al quehacer doméstico (nada más lejos en este caso), sino en función de una idea en donde el trabajo es concebido como una tarea de alguien que está en el mundo, y crea mundo, atravesado en términos materiales por la historia y por todas aquellas cosas que conforman a un sujeto, si es que algo así puede saberse. El interés del artista es el interés por el mundo en sus dimensiones más variadas, que concreta discursos e ideas en obras, y que opera a su vez en ese mundo del cual es parte. La figura del don puede recordarnos a aquella remanida idea del artista trabajando solo y aislado, construyendo a partir del genio y de ciertos raptos de inspiración, una forma que devela un misterio y revela un camino.

Si algo recuerdo de las visitas que hacía regularmente a algunas de las actividades que se proponían en Cielo Teórico, era el espíritu de diálogo que se imprimía a cada encuentro, en donde se intentaba quitar a las palabras cualquier peso específico que impidiera al recién llegado tener la posibilidad al menos de encontrarse en igualdad frente a una obra, o a un discurso. No porque para todos esa obra o discurso pudieran ser comprensibles de la misma manera, ni arrojasen los mismos sentidos, sino porque se esperaba una participación activa, y cualquiera desde su lugar podía darla. Y lo más importante: que cualquiera con una idea podía ir a participar de un proceso para materializarla o desarrollarla. Y pensarla sobre todo. Porque si había una producción final que resultara de los encuentros, no se mostraba allí. Cielo Teórico no gestionaba espacios, ni fechas, ni nada para algo como una muestra. Pero impulsaba un quehacer creativo, un espacio de diálogo, ponía ciertos saberes sobre la mesa de disección dando lugar también a una figura que hoy es muy común entre todos los mortales, pero que en aquel tiempo no lo era (la del curador). Como correlato ponderaba al artista como sujeto, es decir, cualquiera que quisiera ser artista podía serlo. Los nombres, el mote de artista o lo que fuere, decían o no decían algo, pero no era lo importante. Que cada quién sea lo que quiera, lo importante en todo caso era que a partir de las formas de esas ideas y de los materiales en que éstas eran expresadas y donde tenían su continuidad, apareciera la oportunidad para dialogar con la historia del arte y con el otro. No solo en la experiencia de estos encuentros, porque como actividad de fondo en Cielo Teórico siempre se llevó adelante una labor en carácter de investigación por un lado (para el caso vale mencionar el trabajo realizado en la conformación del Archivo C, un registro histórico que pretendía compilar información sobre lxs artistas de los últimos cien años en Córdoba) y de divulgación de ideas por el otro.

Lo anterior expresa o es una impresión que narra el comienzo mismo de una actividad que continuó con variables diversas, hasta promediada ya la década del 2000. Internet avanzó y se la utilizó aun cuando todavía no tenían forma estable las plataformas virtuales tal como hoy las conocemos. Mailings sobre cine, artes visuales, críticas, imágenes y obras eran socializadas y lanzadas al éter de manera regular. Diversos colaboradores entraron y salieron de escena en una lógica de trabajo que exigía un compromiso por fuera de todo marco de lucro. La apuesta a funcionar por fuera de los mecanismos de subsidios o de apoyos académicos era el arma de doble filo con que se lidiaba.

Con el tiempo, como todo proceso, alcanzó su grado disolutivo. Pero los ecos de esa expansión marcaron definitivamente a ciertos participantes e incluso a la escena local en términos muy concretos. Algunos, incluso, encontraron allí un refugio para volver con aires renovados a las escuelas de artes. Esto último no es un dato menor teniendo en cuenta que desde ciertos sectores se señalaba este emprendimiento como elitista, de “darse aires” en la diferencia. Pero lo cierto es que en la Universidad Nacional de Córdoba todavía prevalecía, anquilosada, una generación docente que negaba ciertas prácticas y que proponía una visión inamovible de la historia del arte, en donde básicamente había que seguir los pasos de los grandes maestros. El camino estaba trazado, y para qué correrse de él. Y más todavía, como podemos leer en un breve texto escrito en 2016 por Leticia El Halli Obeid, en donde se da cuenta de cierto estado de situación en la Escuela de Artes de la UNC por aquel entonces, en especial de lo complicado de lidiar con un universo docente sujeto a la tradición, que no concebía la chance de que una mujer pudiera convertirse en artista.

Apelando directamente a la memoria, frágil pero viva en las constelaciones que podrían dibujar un mapa o recorrido sobre el arte local en aquel entonces, otros espacios aparecen en consonancia con Cielo Teórico. El Cíclope, en un subsuelo frente a la galería Cinerama, nació bajo la tutela de Soledad González, Pablo Belzagui y Emilio Garbino. Constituido en fundación y especializado en el universo del teatro, también agitó las aguas subterráneas de las artes visuales con muestras, seminarios a cargo incluso de algún integrante de Cielo Teórico y proyecciones de cine (recuerdo especialmente descubrir allí el documental sobre Bob Flanagan, masoquista super star, de Kirby Dick). El mismo Pablo Belzagui desde el Instituto Goethe Córdoba promovía obras especialmente ligadas a las vanguardias alemanas, mucho cine y universos sonoros contemporáneos: música concreta, ruidismo, electroacústica… Y Casa 13, un polo activo aún hoy y quizás el único que ha logrado mantenerse activo, de la mano por aquel entonces de Aníbal Buede, quien participara brevemente y en sus inicios de Cielo Teórico.

Faros que marcaban postas en un recorrido urbano que tenía también límites precisos, pero con ánimos de expansión, de intervención y de construcción de una nueva geografía local que desplazara los saberes establecidos y craneara nuevos recorridos posibles para la crítica en torno a las artes visuales.

 

 

*Matías Lapezzata. Córdoba, 1978. Estudió filosofía, es empleado de la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba y dirige junto a Tamara Pachado el sello editorial independiente Los Ríos Editorial. Se dedica además al estudio crítico de las artes visuales y audiovisuales, especialmente el cine.

 

 

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C T / Estética y Pensamiento en Artes Visuales

Una cronología

Es creado en 1999 por los artistas José Pizarro, Andrea Ruiz, Carina Cagnolo y Aníbal Buede. Luego de aproximadamente dos meses, continúan en la dirección los tres primeros. Desde el año 2003 dirigen Cielo Teórico Ruiz y Pizarro.

En las distintas áreas, se realizan actividades permanentes y otras temporales. Por ejemplo, en el marco de la Biblioteca y el Archivo C, se llevan a cabo tareas cuyas proyecciones en el tiempo están relacionadas con una actividad constante y con mecanismos de acción sistemáticos (organización física, catalogación y clasificación del material, acciones para la solicitud del mismo, trabajo en la base de datos, etcétera). Por otra parte, los eventos que se nombran a continuación son momentos particulares de acción dentro de cada área.

Área Teoría y Arte

Seminarios y cursos

1999

Seminarios anuales “Rebelión de la Razón” (José Pizarro); “La estatua Interior de François Jacob”  (Andrea Ruiz) y “El Origen de la Idea” (Carina Cagnolo).

Asistentes: Christian Román, Leticia El Halli Obeid, Paola Sferco, Mimi Bongiovani, Tatiana Cagnolo, Laura del Barco, Irene Kopelman, Carolina Senmartin, Adriana Bustos, Marcelo Sánchez.

Como producción final de la actividad en torno a estos cursos, se edita el Libro 1 de Cielo Teórico. Esta edición registra la producción intelectual y artística de los participantes.

2000

Se dictan nuevamente los seminarios del año anterior.

Asistentes: Hugo Aveta, Ciro del Barco, Matías Lapezzata, Pablo Olivier, Fabhio Di Camozzi, Agustina Pesci, Mariana Robles, Alejandra Montiel.

Andrea Ruiz y José Pizarro dictan un seminario focalizado en la producción artística e intelectual de los participantes del seminario.

Apertura de un espacio de reflexión y apoyo de obra llamado Transit. Una vez por semana, el espacio está abierto para quienes deseen realizar consultas, sin previo aviso.

Taller tecnológico “Arte: Máquina. ¿La desaparición de la voluntad?” a cargo de Lila Pagola.

2001

Programa de seminarios “Tres Miradas sobre la Concepción de la Imagen Contemporánea”, dividido en tres cursos, con las temáticas: “Literatura e Imagen”, por José Pizarro; “La inclusión consciente del Entorno en la Obra de Arte”, a cargo de Andrea Ruiz y “Arte Actual: Territorios Inconclusos, Fragmentos y Revitalizaciones”, por Carina Cagnolo.  Actividad realizada en convenio con la Universidad Nacional de Córdoba, a través de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Escuela de Artes de la misma Facultad. Los cursos se dictan en el espacio de Cielo Teórico.

2004

Seminario “Identidad múltiple”, orientado a la relación del cine con las artes visuales y dictado por José Pizarro. Se realiza en el Cineclub Municipal Hugo del Carril durante tres meses.

Grupos de investigación

2002

Convocatoria para conformar grupos de investigación. Los equipos de trabajo se constituyeron según distintas propuestas e intereses, y a partir de tres ejes básicos:

  1. Investigaciones sobre problemas generales de la estética y la teoría del arte.
  2. Investigaciones vinculadas al Archivo C. Sobre artistas, espacios críticos o instituciones de acción en la ciudad de Córdoba.
  3. Investigaciones vinculadas a ideas y temas que provengan de la obra visual del propio investigador.

2003

Se continúa con el cronograma propuesto.

Área Programa Abierto

Mesas Redondas, debates, conferencias

1999

Mesa Redonda “La Palabra que Habla el Arte”, a la que se convocó a Mario Grinberg (artista visual), a Silvio Mattoni (poeta y crítico de literatura) y a Juan Abrile (músico). Moderada por José Pizarro.

Presentación del Libro 1 de Cielo Teórico en espacios culturales públicos de la ciudad de Córdoba y en Cielo Teórico.

2000

Micro radial “Reflexiones sobre el arte”, dentro del programa El eslabón perdido en Radio Clásica de Córdoba.

Encuentros: con la directora del Media Center d’Art i Disenny (MECAD) de Barcelona,  Claudia Gianetti; con el videoartista Carlos Trilnick (proyección de su última obra); con el filósofo español Valeriano Bozal; con el historiador de arte alemán Michael Nungesser; con el crítico de arte argentino Rodrigo Alonso; con el curador, docente e investigador en medios audiovisuales Jorge La Ferla.  

Participación en el debate on-line en el e-journal 5, publicación electrónica del MECAD.

2001

Cielo Teórico es convocado por la Comisión Mixta de La Municipalidad de Córdoba para participar en un ciclo de conferencias en el marco de la Muestra de la I Bienal Internacional de Arte del MNBA, realizada en el Cabildo Histórico de la Ciudad. Se organizan distintas actividades: una conferencia del artista José Pizarro (“Dos Caprichos: I – La Inacción en Pessoa y Bruce Nauman. II – La Realidad en Murakami y el Arte Experiencial en la Imagen Contemporánea”); una mesa de debate coordinada por Andrea Ruiz con artistas, críticos, profesores de arte (Silvio Mattoni, María Cristina Rocca y Pablo González Padilla), propiciando la discusión en torno a “¿Cómo puede Construir Sociedad el Arte?” ; dos conferencias de María Cristina Rocca (“Antesala de la Bienales Americanas de Arte: Salones IKA. Córdoba 1958-63” y “Bienales de Córdoba. Arte, ciudad e ideologías”).

Participación en Mesa Redonda organizada por la crítica de arte Laura Batkis, con motivo de la Feria de Arte Córdoba.

Ideas Pasajeras

Esta actividad consiste en un envío mensual por e-mail de reflexiones acerca de diversos temas, ideas y autores. Presentando primero un texto y a la vez la palabra de un invitado, que busca algún enlace ideológico con el mismo.

2003

IDEAS PASAJERAS #1:Curarse de la negación de la libertad”, por José Pizarro.

IDEAS PASAJERAS #2:Silla, mano, arte”, por Mariana Robles.

IDEAS PASAJERAS #3:Una ciudad desbordante de traiciones”, por Andrea Ruiz.

IDEAS PASAJERAS #4:Diálogo 43”, por Fabián Liguori.

IDEAS PASAJERAS #5:He visto un rinoceronte”, por Matías Lapezzata.

IDEAS PASAJERAS #6: “Dura, bruta y dulce”, por Carolina Romano.

2004

Se agrega la columna En Fuga, enteramente dedicada al cine, escrita por Matías Lapezzata.

IDEAS PASAJERAS #7: “Muerte en latencia en el centro del centro del centro del centro… y un etc. vulgar”, por José Pizarro.

IDEAS PASAJERAS #8: (Edición especial) “León de Alfombra”, por Deodoro Roca.

IDEAS PASAJERAS #9: “En busca del gesto perdido”, por Mariano Serrichio.

IDEAS PASAJERAS #10: “Jorge Baron Biza: Marcas de vitriolo”, Antonio Oviedo.

Proyecto Catálogo

Organización y curación de una convocatoria abierta a menores de 25 años, junto a la Fundación El Cíclope.

Con el objetivo de generar un espacio de difusión de la obra de artistas jóvenes, acompañando el proceso de acabado y montaje de una muestra individual, desde julio a diciembre se realizan exposiciones de los seleccionados. De manera paralela, se coordinan una serie de encuentros para intercambiar criterios y ejercer la reflexión sobre problemáticas actuales de las artes visuales.

2003

Se presentaron treinta y una propuestas, de las cuales se seleccionaron seis de acuerdo a criterios previamente acordados. Proyectos Seleccionados: Pilar Ortega Musitano (Córdoba), Leticia Santa Cruz (Rafaela), Emilio Nasser (Córdoba), María José Cabral (Córdoba), Carolina Peyregne (Córdoba), Georgina Paola Velásquez (Córdoba). Invitados en conferencia: Carolina Romano, Pablo González Padilla, Fabián Liguori, Andrea Ruiz.

Área Documentación e Información

Biblioteca

1999-2004

Comienza con unos 500 volúmenes pertenecientes, sobre todo, a la biblioteca personal de los directores. Llega a tener 1500 volúmenes provenientes de museos y espacios de exposición (especialmente internacionales), donaciones de particulares y de fundaciones, y adquisiciones mediante compras.

2001

La Biblioteca se traslada temporalmente al edificio del Cabildo Histórico de la ciudad, con motivo de la Muestra de la I Bienal Internacional de Arte del MNBA.

2002

Catalogación en base de datos.

Texto Público: evento bimensual que convoca a un artista, crítico, o intelectual y al público en general. El invitado expone las ideas de un autor y/o textos de su interés; tras la presentación teórica, se da apertura al debate. El Licenciado en Filosofía Emilio Garbino Guerra expone la vinculación de ideas en torno a textos del crítico Arthur Danto y el poeta Reiner María Rilke. La Licenciada en Letras y dramaturga Soledad González ofrece su visión de textos del dramaturgo español José Sánchez Sinisterra y del crítico de teatro francés Patrice Pavis.  Dr. Fernando Fraenza presenta los lineamientos estéticos posibles de analizar en el pensador alemán Jürgen Habermas.

2003

Texto Público: El escritor Mariano Serrichio realiza “Comentarios sobre la soberanía batailleana”, lectura del libro de Georges Bataille “Lo que entiendo por soberanía”. El filósofo Fernando Coschica, realiza un resumen de tópicos de exposición sobre T.W. Adorno.

Archivo C

2000

Inicio del proyecto. Diseño de la estructura global de trabajo bajo presupuestos metodológicos, organizativos e ideológicos. Realización de las actividades propuestas para la consecución de los objetivos de la primera fase del proyecto: inicio de relevamiento de artistas e instituciones, convocatoria a entrevistas personales, recopilación de datos en registros del archivo, solicitud de material editorial, libros y catálogos, inventario de las publicaciones existentes del arte de Córdoba.

2001

Continuación de las actividades iniciadas y comienzo de la segunda fase del proyecto que consiste en adecuar la base de datos ISIS para Windows- Winisis (de UNESCO), diseñar de la estructura física del archivo conformado por la interrelación de base de datos, banco de imágenes y archivo-biblioteca, y organizar el Archivo-Biblioteca (entrevistas vía e-mails, consulta a historiadores y especialistas en archivos).

2002-2003

Continuación de las actividades iniciadas y comienzo de la tercera fase: elaboración de temática y/o grupo para posibles trabajos de investigación, organización y catalogación del material del Archivo- Biblioteca.

 

NOTA: Leticia El Halli Obeid e Irene Kopelmann se incorporan a trabajar durante el año 2000 (Archivo C); Tatiana Cagnolo entre los años 2000 y 2004 (documentación e información, diseño y difusión de la información, organización y manejo de bases de datos, página web); Matías Lapezzata en 2002 (entrevistas, recopilación de datos y material para el Archivo C y en Biblioteca) y Mariana Robles entre 2002 y 2004 (Archivo C, Biblioteca, Grupos de Investigación).

 

 

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Serie Ensayos – Nro 1
Publicaciones Unidad Básica
ISSN 2545-6407
Editoras responsables: Carla Barbero y Emilia Casiva
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